EUGENIO ESPEJO: PADRE DE LA PATRIA
Por: César Bravo Izquierdo
Nace en Quito el 20 o 21 de febrero de 1747 y muere probablemente el 27 de diciembre de 1793, a los cuarenta y ocho años de edad, en la misma ciudad. Todavía no se han encontrado sus partidas de nacimiento y defunción, y quizá toda búsqueda sea infructuosa. Fue coetáneo de otro grande, el norteamericano Jorge Washington, aunque su tarea estuviese más cercana al pensador Thomas Jefferson.
La ciudad capital estaba impregnada de un forzoso misticismo y en la mayor ignorancia y opresión. La máxima sabiduría consistía en conversar y bailar con corrección y destreza en los salones y en no trabajar, para esos estaban los indios y mestizos. Indios roturando la tierra, indios construyendo canales, indios trabajando en las mitas, obrajes y huasipungos, indios mestizos y cholos levantando conventos exquisitos y majestuosas iglesias, en todo mismo.
Los conquistadores ibéricos habían dispuesto una categorización de las clases sociales. Teníamos peninsulares, chapetones, indios, mulatos, zambos, cholos, nobles de España, nobles criollos, mestizos. Existía para entonces tres universidades religiosas: de los agustinos, dominicos y jesuitas. Además de la preponderante cátedra de Teología ocupaba segundo puesto la de jurisprudencia, y si alguna vez hubo cátedra de medicina, fue descuidada y relegada. En síntesis, una primacía de la teoría y las elucubraciones, sobre el conocimiento científico
En este ambiente provinciano se desenvolvió la poderosa personalidad del mestizo Eugenio Chusig o Espejo, que para poder intervenir en la vida política tuvo que emplear la rimbombante identificación de Dr. Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Sus tres primeras obras: “El Nuevo Luciano de Quito”, “Marco Porcio Catón” y “La Ciencia Blancardina” constituyen una mordaz crítica a toda la ciencia quiteña de fines del siglo XVIII, ciencia que no era otra cosa sino una demostración de nuestro atraso.
Espejo detectó que la raíz de los males que aquejaban a la sociedad quiteña se encontraba en la esfera de la economía. Emprendió entonces su trabajo contra los detentadores del poder económico y articuló a esta crítica los aspectos políticos y sociales.
Durante su permanencia en Bogotá pronunció en 1789 su famoso discurso sobre la necesidad de establecer en Quito una sociedad patriótica denominada “Escuela de la Concordia” cuyo órgano de difusión fuese un periódico; discurso que se imprimió por primera vez en Santa Fe ese mismo año costeado por el Marqués de Selva Alegre Juan Pío Montúfar. Y el 5 de enero de 1792 se publicó el famoso periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, que causara profunda influencia en la sociedad quiteña, granjeándole el resentimiento de las clases dominantes que no le perdonarían sus vastos conocimientos y la rebeldía de sus planteamientos.
En sus “Reflexiones sobre Viruelas” se hallan observaciones precisas sobre los efectos devastadores de las enfermedades infecto-contagiosas en los sectores pobre y mal nutridos de la población de la Real Audiencia de Quito de ese entonces. Esto le lleva a Espejo a estudiar la producción y comercialización de los alimentos de primera necesidad, la especulación de que son objeto, opulencia de unos pocos y la miseria de los más. Su erudición le permitió fustigar una realidad biopatológica que al igual que la realidad política no se compadecían con su espíritu que había nacido para ser libre.
En su afán por innovar, nada quedó oculto a su examen. Alimentación, profilaxis de las enfermedades transmisibles, situación económica que responde a las exigencias mínimas a que tiene derecho todo ser humano; ilustración técnica para el desempeño de artes y oficios; organización de la educación universitaria para impartir además los adelantos del conocimiento científico; preparación de todas las clases sociales para lograr un conjunto armónico dirigido y animado por un profundo sentimiento de nacionalidad, propuso un clero nativo y estudio primero de la realidad de la Audiencia antes que de otras regiones.
El 21 de octubre de 1794 aparecieron colocados en las cruces de Quito unos banderines de tafetán encargado con una leyenda en latín, cuya tradición aproximada se consideró una incitación ala independencia: Al amparo de la Cruz salvadora sed libres; conseguid el santo fin de la felicidad y gloria. La leyenda fue declarada subversiva y Espejo, el autor, encarcelado por ella; de allí saldría únicamente para la sepultura. Era un peligro público y le aconteció lo descrito por el poeta Goethe:
¡Ay del que muerde el fruto de la verdad
Y necio insigne, no acierta a callarse
Sino que va ante el pueblo a confesarse:
Acaba siempre en la hoguera o en la cruz!
A Eugenio Espejo le fascinó dar la vuelta al mundo desde su propia tierra. Autodidacta por excelencia, realizó un viaje por todo el orbe desde su posada en la Biblioteca Nacional. Y los mejores libros de viajes que dejó son sus inquietudes sobre la sanidad y esos volúmenes que se llamaron 10 de agosto y 24 de mayo, fechas máximas de la historias de nuestra emancipación, hoy tan dejadas de menos. Monseñor González Suárez decía de Espejo: “El ecuatoriano más célebre y más extraordinario, sin duda alguna, entre todos cuantos ecuatorianos se han hecho famosos en la política; fue uno de esos ingenios superiores, cuya visión intelectual se dilata mucho más allá del horizonte de las ideas comunes, creídas y aceptadas como verdades indiscutibles en su tiempo”.
No se sabe el día en que nació Espejo, pero hay el comprobante legal de su bautizo; no se sabe el día de su muerte, pero hay el comprobante legal de su inhumación. Por ironía de la vida y venganza de los de los detentadores del poder que no le perdonaron, su partida de bautizo fue asentada en el libro de “Españoles y Blancos”, y su partida de defunción, sin día, en la de “Indios, Mestizos, Negros y Mulatos”.
Un año de vivir sin libros, sin papel para escribir, racionado de sol y de aire, tumbó la vida colosal de este gigante ecuatoriano. El escritor Nekrasóv se hubieses sentido honrado de haber dedicado también a Eugenio Espejo estos versos a la memoria de Dobroliúbov:
¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado
Qué gran corazón ha dejado de latir!
Ciertas culturas han experimentado deformaciones y pérdidas de identidad que han dado en resultado el haber repudiado en gran parte sus valores tradicionales sin haber logrado alcanzar la plenitud efectiva de los modelos de modernidad que adoptaron como objetivo. El asunto está en lograr ser modernos, en todo lo que significa avances científicos, tecnológicos y sociales, sin hipotecar nuestra personalidad histórica.
Quito la ciudad pródiga en monumentos a propios y extraños, le está adeudando a su hijo mayor, al padre de la Patria, su monumento, como lo están esperando los héroes indígenas Rumiñahui y Atahualpa, unificador del señorío de los Quitus. Espejo estaría a gusto frente a la estatua de González Suárez, los dos salidos de las entrañas del pueblo pobre, y pilares de nuestra identidad nacional.
En los inicios del siglo XXI seamos capaces de responder a los llamados y sueños de uno de los forjadores más vigorosos y auténticos de la nacionalidad ecuatoriana. Caminemos en este nuevo siglo con una identidad propia. La nuestra es la suma de culturas y razas: la blanca española, la indígena y la negra. Somos mestizos. Somos el nuevo ser en búsqueda de su propio destino y que no encontrado su camino porque la sociedad criolla se ha negado a reconocer a su otra parte que la complementa y unifica en una sola nación.
Requerimos robustecer nuestra conciencia e identidad nacional. Cuando sintamos, cuando se haga parte misma de nuestra carne, que lo nuestro es lo mestizo, no cometeremos la discordancia que a eventos internacionales de música vayan cantantes que interpretan rancheras, rocks, tangos y ni por asomo un pasillo, una balada nacional o un sanjuanito. En suma, ser lo que somos y sentirnos sanamente orgullosos de ello; entonces nos respetarán y nuestros intelectuales, escritores y obreros actuarán sin prejuicios, conscientes de su ser.
En el año de 1995 se conmemoró 200 años de su muerte y en 1997, 250 años del nacimiento de Eugenio Espejo, aniversarios que pasaron desapercibidos para la mayoría de ecuatorianos. Cual digno homenaje sería de esperar el trabajo de investigación y análisis en las principales disciplinas y ciencias a lasque dedicó su trabajo “el Duende” como acostumbraba llamarse a sí mismo, y que le llamarán de satisfacción por sobre la montaña de vacuos discursos a los que somos tan acostumbrados por ser lo más fácil y ostentoso.
De la misma manera que, con razón, se incentiva a los deportistas por aquello de mente sana cuerpo sano, con donaciones de vehículos, lotes de terreno y otros beneficios, en igual forma se debe incentivar y apoyar a quienes destacan en el trabajo científico, pues si los unos brindan una alegría pasajera y buscan su perfeccionamiento individual, los otros persiguen el bienestar general y estimulan a los más jóvenes al estudio y a la superación intelectual.
Nos encontramos en la hora de convocar a la patria del presente y del devenir, a hacer por la vía del esfuerzo organizado un Ecuador que vuelva a ser luz como 1809, en base de la concepción de que el trabajo social es la fuente de la riqueza de las naciones, y no la explotación del hombre por el hombre acompañada del individualismo y de la viveza criolla.
Visionario que era, Espejo escribió en su discurso sobre le Escuela de la Concordia: “Un día resucitará la Patria; pero los que fomentarán su aliento sin duda no serán los que pasan sus vidas en pequeñeces. Serán esos muchachos, que hoy frecuentan las escuelas con empeño y estudiosidad. En ellos renacerán las costumbres, las letras y ese fuego de amor patriótico, que constituye la esencia moral del cuerpo político”.
¿Estaremos alguna vez a la altura de los proyectos de nuestro héroe mayor muerto en cuanto al cuerpo? En nuestras manos se halla la pregunta y la respuesta.
FIN.
domingo, 25 de octubre de 2009
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buen art{iculo
ResponderEliminarEste art{iculo me sirve en mis estudios. Es bueno.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEugenio Chusig es una lumbrera, hay que reencontrarlo, hay que estudiar su pensamiento, empaparse de él. Gracias por este artículo.
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