La escritora de origen ruso Ayn Rand (1905-1982) en la obra La rebelión de Atlas escribió: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores, cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”.
La democracia requiere tolerancia y respeto al derecho ajeno, pero principalmente una conducta ética que nos recuerde que la vida es una constante causa y efecto. Ser primero seres humanos antes que ciudadanos, y aplicar esa regla de oro “no hagáis a otro lo que no queréis que os hagan a ti”. Para ello la población requiere una educación de calidad, sin dogmatismos de cualquier índole y que haga hincapié en la solidaridad humana. Con un aditamento señalado por Albert Camus: “solidarios, no solitarios”.
Hemos llegado a tener veinte Constituciones en nuestra agitada vida republicana, validando más el objetivo político inmediatista y el apetito del caudillo de turno, que el respeto a la ley. No se puede pretender “refundar” el país con cada nueva Constitución; es confiar demasiado en el destino y muy poco en nuestras propias potencialidades como pueblo soberano.
Olvidando aquella pregunta-respuesta de John Keats “¿no véis cuán necesario es el mundo del dolor y de las tribulaciones para educar una inteligencia y convertirla en un alma?, y sin apropiarnos del verdadero valor de la tragedia, somos cándidos e impacientes, queremos el triunfo sin haberlo luchado, y por luchar entiendo sacrificio y padecimiento. Como que no le damos trascendencia a nuestro destino histórico y vamos de una teoría económica a otra, sin examinar a profundidad sus ventajas y desventajas. Empero estas circunstancias están por superarse. Gracias a la informática y al inusitado intercambio de productos e ideas, en el globalizado siglo XXI las condiciones materiales e ideológicas están por la transformación positiva. Que ante el reto del cambio, la violencia debe ceder ante la razón. Reconocernos lo que somos, homo sapiens sapiens, hombre que sabe que sabe.
Si queremos enfrentar con éxito la globalización, demandamos un sistema educativo óptimo basado en la calidad de sus docentes poseídos de modo pleno del eros pedagógico y evaluados constantemente. Una educación primaria de diez grados, y una universidad comprometida con el desarrollo del país, que además de transmitir el conocimiento, sea creadora de conocimientos en armonía con la naturaleza, que fomente la investigación científica. Somos muy pobres en saberes de física y química, y sin ellos no podremos salir del subdesarrollo.
El camino es fomentar una cultura de paz,[1] que nos convierta a futuro cercano en otro país latinoamericano sin fuerzas armadas. Mucho ayudarían esos recursos para destinarlos a educación, creación de fuentes de trabajo, seguridad social y salud, para el buen vivir. ¡Cuánto bien haríamos a las futuras generaciones con tal triunfo de la razón sobre la fuerza!
La crisis es el reto para superarnos. Caso contrario, caeremos en el revanchismo, seguiremos en la eterna queja que culpa a otros de nuestro atraso. Que nosotros no somos los culpables, que somos puros, inocentes y cándidos. Con ello acallamos nuestra conciencia y avalamos la mediocridad. Queja que viene de hace mucho, y que se oficializó en la letra de nuestro Himno Nacional. Al no existir personas inocentes, y debiendo asumir cada uno su grado de responsabilidad, quien no perdona no merece ser perdonado.[2] Bernard Shaw decía que la madurez es un largo proceso por el cual aprendemos a perdonar a nuestros padres, al hacerlo asumimos nuestra propia responsabilidad y nos convertimos en dueños de nuestras propias vidas. Añadiré, es la manera de liberarnos.
En definitiva, se precisa que el pueblo ecuatoriano apoye y concierte un proceso económico a largo plazo que priorice la creación de fuentes de trabajo en una sociedad que cuide y proteja el medio ambiente, debemos pensar en el futuro de los jóvenes y su derecho a encontrar trabajo en su país y no verse obligados a emigrar a países desarrollados. Pero no es conveniente plantear un esquema económico de desarrollo en la Constitución, ya que constituye una camisa de fuerza para una aplicación adecuada de la economía que debe adaptarse según las cambiantes circunstancias productivas y de intercambio existentes en el mundo.
Debemos aprender a diferenciar las “políticas de Estado” que son aquellas constantes institucionales, diplomáticas y económicas que se mantienen a lo largo del tiempo, más allá de la sucesión de los gobiernos, y las “políticas de gobierno” que nacen y mueren con cada administración. Decía Mariano Grondona que los países caracterizados sólo por sus políticas de gobierno no tienen memoria y, por ello, no tienen historia; cada cambio de presidente empiezan de nuevo un proyecto diferente. Observo políticas de Estado en la “concertación” chilena y en la continuidad económica y la diplomacia brasileña que lo han convertido en un verdadero subimperio regional. Cuál ha sido la política exterior ecuatoriana: con Colombia, donarle territorio, y con Perú, aliarse a la política exterior chilena, ambas catastróficas para la integridad de nuestra heredad territorial. Hemos carecido de una política diplomática propia, suena duro, pero es la verdad. Por eso se dice que entre los países no hay amistad sino concurrencia de intereses.
Internamente, un país se vuelve inviable si no parte de consensos por pequeños que fueren. Hay que ceder pero conservando lo intrínseco de uno, caso contrario dejaríamos de ser lo que somos. Diremos que si se quiere perdurar, la palabra clave es consenso. Acuerdos, a veces mínimos, que sumados a otros acuerdos mínimos, llegan a un consenso general libre de imposición. Que lo conseguido sea fruto de un esfuerzo colectivo, y no la conquista de un iluminado o caudillo.
Ni la prosperidad ni la riqueza se consiguen por decreto, sino que son fruto del mancomunado trabajo creativo en libertad; que los principales motores del crecimiento son el capital humano y la productividad, y un sector productivo y unos trabajadores y trabajadoras capaces de innovar, crear y competir en un mundo globalizado.
Para desarrollarse en armonía, superando la pobreza y con respeto a la madre naturaleza, la sociedad ecuatoriana debe priorizar sus inversiones y gastos. Tiene mucho de razón el presidente costarricense Oscar Arias quien en su reciente discurso en la Cumbre de las Américas en mayo de 2009, manifiesta no concordar que América Latina gaste cincuenta mil millones de dólares en armas y soldados contra un enemigo imaginario, o acaso para matarse entre sí, mientras los pueblos se debaten en la pobreza; y lo dice un presidente con el respaldo moral de su país que por decisión constitucional carece de fuerzas armadas; y de un país que nunca ha tenido dictaduras al igual que Estados Unidos, Belice, Canadá y Jamaica; y que por decisión del Congreso, por primera vez en Latinoamérica, ha establecido en el año 2009 el Ministerio de Justicia y Paz, para fortalecer una convivencia pacífica y solidaria entre sus ciudadanos. Ya lo dijo Juan Rulfo en “México y los mexicanos”: Nos salvamos juntos/o nos hundimos separados/.
Ciudadanos, la vida es muy breve para dedicarla a matarnos unos a otros, por los motivos que fueren; por eso se ideó el contrato social, y sea la ley y no nuestra propia mano quien imponga justicia. Entre países, la guerra es un acto que lesiona intereses vitales de la humanidad, incentivada por seres aquejados de soberbia que se creen superiores a su prójimo o que se consideran poseedores de un destino manifiesto. La paz tiene un compromiso con la vida, con la creación; la guerra y el terrorismo tienen un compromiso con la muerte, con la destrucción.
Finalmente, una certeza producto de una duda metódica.[3] Ninguna Constitución Política del mundo, ha sido ni será perfecta; caso contrario existiría un país sin conflictos ni necesidades, lo que es una utopía y se estaría viviendo en la Arcadia, ese lugar donde todo es paz y armonía; el ser humano es imperfecto en sus cualidades y saberes, mas, por su intelecto, perfectible. Y por exhaustiva que sea una legislación siempre es posible encontrar resquicios a través de los cuales violar la ley bajo una capa de legalidad. Por eso, el verdadero motor de un pueblo no son sus leyes sino su cultura, y si la cultura es frágil e incapaz de generar transformaciones positivas acorde con los tiempos, de poco sirve una normativa por mucho que se la recoja en la llamada Carta Magna.
[1] En la sección primera del importante tratado La paz perpetua, Kant resaltó visionario la necesidad humana de la paz entre estados, que conlleva la desaparición de los ejércitos permanentes: “3. «Los ejércitos permanentes (miles perpetus) deben desaparecer totalmente con el tiempo.»
Pues suponen una amenaza de guerra para otros Estados con su disposición a aparecer siempre preparados para ella. Estos Estados se estimulan mutuamente a superarse dentro de un conjunto que aumenta sin cesar y, al resultar finalmente más opresiva la paz que una guerra corta, por los gastos generados por el armamento, se convierten ellos mismos en la causa de guerras ofensivas, al objeto de liberarse de esta carga; añádese a esto que ser tomados a cambio de dinero para matar o ser muertos parece implicar un abuso de los hombres como meras máquinas e instrumentos en manos de otro (del Estado); este uso no se armoniza bien con el derecho de la humanidad en nuestra propia persona. Otra cosa muy distinta es defenderse y defender a la patria de los ataques del exterior con las prácticas militares voluntarias de los ciudadanos, realizadas periódicamente. —Lo mismo ocurriría con la formación de un tesoro, pues, considerado por los demás Estados como una amenaza de guerra, les forzaría a un ataque adelantado si no se opusiera a ello la dificultad de calcular su magnitud (porque de los tres poderes, el militar, el de alianzas y el del dinero, este último podría ser ciertamente el medio más seguro de guerra)”.[Immanuel Kant, La paz perpetua, traducción de Joaquín Avellán, Editorial Tecnos, Madrid, 1985]
[2] Cuán necesarias resultan estas palabras de Albert Einstein: "No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
[3] Ello, en cumplimiento de un principio enunciado por el viejo René Descartes: “Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”. Y de estas esclarecedoras palabras: “daríais prueba de una veracidad más loable al colocar algunos puntos de interrogación detrás de vuestra fórmulas favoritas y de vuestra teorías preferidas (y detrás de vuestra persona misma, si llega la ocasión), antes que hacer uso de todos los gestos solemnes y de los argumentos decisivos que presentéis”, Nietzsche, Más allá del Bien y del Mal, Editorial Edaf, Madrid, 1995, p. 60. También de estos versos del antipoeta Nicanor Parra: “Estoy sentado al escritorio/A mi izquierda los manuscritos del último discurso malo/A mi derecha los del primer discurso bueno/Acabo de redactar una página/Mi problema es el siguiente:/Dónde la deposito madre mía!/A la izquierda? a la derecha?
domingo, 13 de diciembre de 2009
sábado, 28 de noviembre de 2009
ES HORA DE DESPENALIZAR CONSUMO DE DROGAS
ES HORA DE DESPENALIZAR EL CONSUMO DE DROGAS
Dr. César Bravo Izquierdo
¿Por qué hay narcotráfico? Porque hay consumidores.
No es posible que los países latinoamericanos con graves problemas estructurales agravados por la crisis económica mundial, tengan que dedicar no pocos recursos y la vida de muchos miembros de la seguridad pública a combatir el narcotráfico que conlleva violencia criminal y destrucción de millones de hectáreas de bosques en afán de ampliar los sembríos de coca, base de la cocaína, descuidando destinar esos recursos para combatir la desnutrición y mejorar las condiciones educativas y de trabajo de sus pueblos, mientras los traficantes de drogas disfrutan de una opulencia ostentosa e indigna producto de un negocio que mueve miles de millones de dólares al año.
Si bien plantear la despenalización del consumo de drogas es un tema polémico, no es menos cierto que los métodos represivos utilizados para combatir la producción, tránsito y consumo de drogas han sido, hasta el presente, ineficaces. No habiendo disminuido ni la producción ni el consumo de estupefacientes.
Tanto los países y sus gobiernos donde mayoritariamente se producen y consumen drogas, deben asumir sus responsabilidades, y evitar un doble discurso al acusar de falta de control a países donde se produce la droga, y nada dicen de los traficantes y consumidores de los países desarrollados a donde se dedica la mayoría de dicha ilícita producción.
Incluso la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, en su última visita a México, ha reconocido a su manera el problema en una histórica declaración: “Nuestra insaciable demanda de drogas alimenta el narcotráfico, y nuestra incapacidad para prevenir el contrabando ilegal de armas a través de la frontera para armar a estos criminales causa las muertes de policías, soldados y civiles”.
Personajes de la talla del ex presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, y el escritor José Saramago, abogan por la despenalización del consumo de la mariguana. Recordemos que en ciertos estados de la Unión Americana, como California, el consumo con receta médica de ciertas drogas, tal el caso de la marihuana, está despenalizado e incluso se las provee en máquinas expendedoras con el requisito de identificación del consumidor. Esto les ha permitido una mayor recaudación de tributos por la venta legal. Por ello, se debe despenalizar el consumo de drogas para uso personal con receta médica en todos los países, y el gran negocio del narcotráfico podrá ser controlado.
¿O es que en los conglomerados de países consumidores de drogas miembros del mundo desarrollado, lo único que se desea, es que no se conozca la identidad de los consumidores y así seguir aparentando ser los adalides de la moral y las buenas costumbres? ¿Es esta la gran hipocresía consumidora? ¿Con qué calidad moral estos gobiernos señalan que los países subdesarrollados hacen poco para combatir el narcotráfico, si son ellos quienes han fracasado en erradicar este ilícito en sus países, y son sus consumidores los que están corrompiendo a nuestros habitantes induciéndolos a participar en este lucrativo y perverso cultivo, tráfico, provisión y consumo de drogas?
Que yo sepa, es insuficiente la política de dichos gobiernos para prevenir y reducir el creciente consumo de estupefacientes en sus sociedades. De ahí debe partir la solución de este grave problema mundial.
¿Qué opina usted?
Dr. César Bravo Izquierdo
¿Por qué hay narcotráfico? Porque hay consumidores.
No es posible que los países latinoamericanos con graves problemas estructurales agravados por la crisis económica mundial, tengan que dedicar no pocos recursos y la vida de muchos miembros de la seguridad pública a combatir el narcotráfico que conlleva violencia criminal y destrucción de millones de hectáreas de bosques en afán de ampliar los sembríos de coca, base de la cocaína, descuidando destinar esos recursos para combatir la desnutrición y mejorar las condiciones educativas y de trabajo de sus pueblos, mientras los traficantes de drogas disfrutan de una opulencia ostentosa e indigna producto de un negocio que mueve miles de millones de dólares al año.
Si bien plantear la despenalización del consumo de drogas es un tema polémico, no es menos cierto que los métodos represivos utilizados para combatir la producción, tránsito y consumo de drogas han sido, hasta el presente, ineficaces. No habiendo disminuido ni la producción ni el consumo de estupefacientes.
Tanto los países y sus gobiernos donde mayoritariamente se producen y consumen drogas, deben asumir sus responsabilidades, y evitar un doble discurso al acusar de falta de control a países donde se produce la droga, y nada dicen de los traficantes y consumidores de los países desarrollados a donde se dedica la mayoría de dicha ilícita producción.
Incluso la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, en su última visita a México, ha reconocido a su manera el problema en una histórica declaración: “Nuestra insaciable demanda de drogas alimenta el narcotráfico, y nuestra incapacidad para prevenir el contrabando ilegal de armas a través de la frontera para armar a estos criminales causa las muertes de policías, soldados y civiles”.
Personajes de la talla del ex presidente del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, y el escritor José Saramago, abogan por la despenalización del consumo de la mariguana. Recordemos que en ciertos estados de la Unión Americana, como California, el consumo con receta médica de ciertas drogas, tal el caso de la marihuana, está despenalizado e incluso se las provee en máquinas expendedoras con el requisito de identificación del consumidor. Esto les ha permitido una mayor recaudación de tributos por la venta legal. Por ello, se debe despenalizar el consumo de drogas para uso personal con receta médica en todos los países, y el gran negocio del narcotráfico podrá ser controlado.
¿O es que en los conglomerados de países consumidores de drogas miembros del mundo desarrollado, lo único que se desea, es que no se conozca la identidad de los consumidores y así seguir aparentando ser los adalides de la moral y las buenas costumbres? ¿Es esta la gran hipocresía consumidora? ¿Con qué calidad moral estos gobiernos señalan que los países subdesarrollados hacen poco para combatir el narcotráfico, si son ellos quienes han fracasado en erradicar este ilícito en sus países, y son sus consumidores los que están corrompiendo a nuestros habitantes induciéndolos a participar en este lucrativo y perverso cultivo, tráfico, provisión y consumo de drogas?
Que yo sepa, es insuficiente la política de dichos gobiernos para prevenir y reducir el creciente consumo de estupefacientes en sus sociedades. De ahí debe partir la solución de este grave problema mundial.
¿Qué opina usted?
sábado, 14 de noviembre de 2009
EINSTEIN, NOSOTROS Y LA LEY
Es un principio de la física que nada puede viajar más veloz que la luz, alrededor de trescientos mil kilómetros por segundo. Aquello lo recalcó Albert Einstein, el físico más importante del siglo XX, quien a los veinticinco años formuló su famoso estudio sobre la relatividad, y diez años después planteó una ecuación que expresa las características generales de los campos gravitatorios en todo el cosmos, y que además de un prodigio de comprensión, es uno de los logros superiores de la inteligencia humana:
G = 8 pi T
Se ha definido a la física de la ciencia que se ocupa de los componentes fundamentales del universo, de las fuerzas que éstos ejercen entre sí y de los efectos de dichas fuerzas. Desentrañar los misterios de la física nos permite buscar el conocer el origen y el fin de las cosas.
Se puede argumentar, no sin lógica común, ¿qué tienen que ver los planteamientos de Einstein con nuestro comportamiento?
Y podríamos responder que nosotros preferimos el mito, crear un mundo irreal para no enfrentar la realidad. Que somos buenos para la imaginación, los cuentos y los poemas, pero qué de colocar los pies sobre la tierra y ponernos a caminar y adecuar nuestro comportamiento, incluido el derecho ya sea como ciencia o como arte, en armonía con lo existente, por no decir universo.
Diría que tenemos miedo a la verdad, ya sea en su búsqueda o en su conocimiento, de lo que se aprovechan los “imperialistas” y los “cuasi imperialistas”. ¿Cómo podemos salir del subdesarrollo sin la creación de ciencia?
Que yo sepa, no existe en Ecuador una Universidad que tenga Facultad de Física y también Facultad de Química, las ciencias más materiales.
Les reto me digan qué ecuatoriano ha publicado estudios especializados sobre la teoría de la relatividad o de la gran explosión (big bang). Alguna vez tenemos que empezar.
G = 8 pi T
Se ha definido a la física de la ciencia que se ocupa de los componentes fundamentales del universo, de las fuerzas que éstos ejercen entre sí y de los efectos de dichas fuerzas. Desentrañar los misterios de la física nos permite buscar el conocer el origen y el fin de las cosas.
Se puede argumentar, no sin lógica común, ¿qué tienen que ver los planteamientos de Einstein con nuestro comportamiento?
Y podríamos responder que nosotros preferimos el mito, crear un mundo irreal para no enfrentar la realidad. Que somos buenos para la imaginación, los cuentos y los poemas, pero qué de colocar los pies sobre la tierra y ponernos a caminar y adecuar nuestro comportamiento, incluido el derecho ya sea como ciencia o como arte, en armonía con lo existente, por no decir universo.
Diría que tenemos miedo a la verdad, ya sea en su búsqueda o en su conocimiento, de lo que se aprovechan los “imperialistas” y los “cuasi imperialistas”. ¿Cómo podemos salir del subdesarrollo sin la creación de ciencia?
Que yo sepa, no existe en Ecuador una Universidad que tenga Facultad de Física y también Facultad de Química, las ciencias más materiales.
Les reto me digan qué ecuatoriano ha publicado estudios especializados sobre la teoría de la relatividad o de la gran explosión (big bang). Alguna vez tenemos que empezar.
martes, 3 de noviembre de 2009
PRESENTACION A CONSTITUCIONALISMO ECUATORIANO
PRESENTACION a CONSTITUCIONALISMO ECUATORIANO
La política está entrelazada con la justicia y con la sociedad, y la sociedad está íntimamente enlazada con la economía, es por ello la necesidad de conocerlas sistemáticamente.
Pero la ley, el derecho y la economía no son suficientes para conocer y desentrañar la realidad; para eso se debe acudir a la ciencia de la ciencias, la filosofía, pues ella, en definición de Aristóteles en el Libro I de la “Metafísica”, es aquella que reflexiona y define las entidades, conceptos, principios axiomáticos, básicos, fundamentales, esto es, aquellos sin los cuales nada existe, nada se puede pensar ni decir. Antonio Alegre Gorri lo amplía así: la filosofía es la ciencia universal que reflexiona sobre lo universal esencial; es decir, sobre el ser como esencia o identidad, ser como existencia, no-ser como alteridad y diferencia, potencia, acto (es decir, realización efectiva y perfecta). Y todo lenguaje, sea el de las ciencias matemático-geométricas, sea el de las ciencias empíricas, sea el del derecho o la política, utiliza las palabras que Aristóteles analiza en la Metafísica, porque son conceptualizaciones de lo necesario. Y de la filosofía nos aprovecha la filosofía política.
Cuando obremos con la cordura, tolerancia, conocimientos, humildad y sabiduría que enseña la filosofía, cuando nos miremos más a fondo a nosotros mismos, cuando comprendamos que lo a conseguir sea parte de un proceso, cuando nos sentemos frecuentemente a pensar qué estamos haciendo, que a pesar de encontrarnos geográficamente en el centro del planeta, no somos el centro del mundo, ahí vislumbraremos el camino particular y colectivo. René Descartes decía que, cada nación es tanto más civilizada y culta cuanto mejor filosofan los hombres en ella.
Ya el filósofo Platón refiriéndose al Gobierno, señaló el feliz encuentro que debe existir con la filosofía para el bien de la sociedad: “Los hombres no se verían libres de sus males, sino cuando por favor especial de la providencia la autoridad suprema y la filosofía se encontrasen reunidas en la misma persona e hiciesen triunfar a la virtud de los asaltos del vicio”.
El Autor
La política está entrelazada con la justicia y con la sociedad, y la sociedad está íntimamente enlazada con la economía, es por ello la necesidad de conocerlas sistemáticamente.
Pero la ley, el derecho y la economía no son suficientes para conocer y desentrañar la realidad; para eso se debe acudir a la ciencia de la ciencias, la filosofía, pues ella, en definición de Aristóteles en el Libro I de la “Metafísica”, es aquella que reflexiona y define las entidades, conceptos, principios axiomáticos, básicos, fundamentales, esto es, aquellos sin los cuales nada existe, nada se puede pensar ni decir. Antonio Alegre Gorri lo amplía así: la filosofía es la ciencia universal que reflexiona sobre lo universal esencial; es decir, sobre el ser como esencia o identidad, ser como existencia, no-ser como alteridad y diferencia, potencia, acto (es decir, realización efectiva y perfecta). Y todo lenguaje, sea el de las ciencias matemático-geométricas, sea el de las ciencias empíricas, sea el del derecho o la política, utiliza las palabras que Aristóteles analiza en la Metafísica, porque son conceptualizaciones de lo necesario. Y de la filosofía nos aprovecha la filosofía política.
Cuando obremos con la cordura, tolerancia, conocimientos, humildad y sabiduría que enseña la filosofía, cuando nos miremos más a fondo a nosotros mismos, cuando comprendamos que lo a conseguir sea parte de un proceso, cuando nos sentemos frecuentemente a pensar qué estamos haciendo, que a pesar de encontrarnos geográficamente en el centro del planeta, no somos el centro del mundo, ahí vislumbraremos el camino particular y colectivo. René Descartes decía que, cada nación es tanto más civilizada y culta cuanto mejor filosofan los hombres en ella.
Ya el filósofo Platón refiriéndose al Gobierno, señaló el feliz encuentro que debe existir con la filosofía para el bien de la sociedad: “Los hombres no se verían libres de sus males, sino cuando por favor especial de la providencia la autoridad suprema y la filosofía se encontrasen reunidas en la misma persona e hiciesen triunfar a la virtud de los asaltos del vicio”.
El Autor
lunes, 2 de noviembre de 2009
BACH
La Música de Juan S. Bach es una exaltación del espíritu humano en su búsqueda de lo trascendente, de comunicarse con lo infinito. Si otras interpretaciones clásicas tú las disfrutas profundamente y te alegran el corazón, al escuchar "Air", "Bereite dich,Zion", "Magnificat", "Badinerie", "La pasión de San Juan", la serenidad y equilibrio de sus notas llegan hasta lo profundo de tu alma, y sientes que eres parte mínima sí, pero parte de un inmenso cosmos.
sábado, 31 de octubre de 2009
Mi país "Absurdistán"
Los del país de Absurdistán somos esforzados, sencillos y valientes, pero también eufóricos e impacientes: festejamos antes de conseguir el triunfo, quedamos contentos antes de conquistar la victoria.
domingo, 25 de octubre de 2009
Eugenio Espejo
EUGENIO ESPEJO: PADRE DE LA PATRIA
Por: César Bravo Izquierdo
Nace en Quito el 20 o 21 de febrero de 1747 y muere probablemente el 27 de diciembre de 1793, a los cuarenta y ocho años de edad, en la misma ciudad. Todavía no se han encontrado sus partidas de nacimiento y defunción, y quizá toda búsqueda sea infructuosa. Fue coetáneo de otro grande, el norteamericano Jorge Washington, aunque su tarea estuviese más cercana al pensador Thomas Jefferson.
La ciudad capital estaba impregnada de un forzoso misticismo y en la mayor ignorancia y opresión. La máxima sabiduría consistía en conversar y bailar con corrección y destreza en los salones y en no trabajar, para esos estaban los indios y mestizos. Indios roturando la tierra, indios construyendo canales, indios trabajando en las mitas, obrajes y huasipungos, indios mestizos y cholos levantando conventos exquisitos y majestuosas iglesias, en todo mismo.
Los conquistadores ibéricos habían dispuesto una categorización de las clases sociales. Teníamos peninsulares, chapetones, indios, mulatos, zambos, cholos, nobles de España, nobles criollos, mestizos. Existía para entonces tres universidades religiosas: de los agustinos, dominicos y jesuitas. Además de la preponderante cátedra de Teología ocupaba segundo puesto la de jurisprudencia, y si alguna vez hubo cátedra de medicina, fue descuidada y relegada. En síntesis, una primacía de la teoría y las elucubraciones, sobre el conocimiento científico
En este ambiente provinciano se desenvolvió la poderosa personalidad del mestizo Eugenio Chusig o Espejo, que para poder intervenir en la vida política tuvo que emplear la rimbombante identificación de Dr. Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Sus tres primeras obras: “El Nuevo Luciano de Quito”, “Marco Porcio Catón” y “La Ciencia Blancardina” constituyen una mordaz crítica a toda la ciencia quiteña de fines del siglo XVIII, ciencia que no era otra cosa sino una demostración de nuestro atraso.
Espejo detectó que la raíz de los males que aquejaban a la sociedad quiteña se encontraba en la esfera de la economía. Emprendió entonces su trabajo contra los detentadores del poder económico y articuló a esta crítica los aspectos políticos y sociales.
Durante su permanencia en Bogotá pronunció en 1789 su famoso discurso sobre la necesidad de establecer en Quito una sociedad patriótica denominada “Escuela de la Concordia” cuyo órgano de difusión fuese un periódico; discurso que se imprimió por primera vez en Santa Fe ese mismo año costeado por el Marqués de Selva Alegre Juan Pío Montúfar. Y el 5 de enero de 1792 se publicó el famoso periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, que causara profunda influencia en la sociedad quiteña, granjeándole el resentimiento de las clases dominantes que no le perdonarían sus vastos conocimientos y la rebeldía de sus planteamientos.
En sus “Reflexiones sobre Viruelas” se hallan observaciones precisas sobre los efectos devastadores de las enfermedades infecto-contagiosas en los sectores pobre y mal nutridos de la población de la Real Audiencia de Quito de ese entonces. Esto le lleva a Espejo a estudiar la producción y comercialización de los alimentos de primera necesidad, la especulación de que son objeto, opulencia de unos pocos y la miseria de los más. Su erudición le permitió fustigar una realidad biopatológica que al igual que la realidad política no se compadecían con su espíritu que había nacido para ser libre.
En su afán por innovar, nada quedó oculto a su examen. Alimentación, profilaxis de las enfermedades transmisibles, situación económica que responde a las exigencias mínimas a que tiene derecho todo ser humano; ilustración técnica para el desempeño de artes y oficios; organización de la educación universitaria para impartir además los adelantos del conocimiento científico; preparación de todas las clases sociales para lograr un conjunto armónico dirigido y animado por un profundo sentimiento de nacionalidad, propuso un clero nativo y estudio primero de la realidad de la Audiencia antes que de otras regiones.
El 21 de octubre de 1794 aparecieron colocados en las cruces de Quito unos banderines de tafetán encargado con una leyenda en latín, cuya tradición aproximada se consideró una incitación ala independencia: Al amparo de la Cruz salvadora sed libres; conseguid el santo fin de la felicidad y gloria. La leyenda fue declarada subversiva y Espejo, el autor, encarcelado por ella; de allí saldría únicamente para la sepultura. Era un peligro público y le aconteció lo descrito por el poeta Goethe:
¡Ay del que muerde el fruto de la verdad
Y necio insigne, no acierta a callarse
Sino que va ante el pueblo a confesarse:
Acaba siempre en la hoguera o en la cruz!
A Eugenio Espejo le fascinó dar la vuelta al mundo desde su propia tierra. Autodidacta por excelencia, realizó un viaje por todo el orbe desde su posada en la Biblioteca Nacional. Y los mejores libros de viajes que dejó son sus inquietudes sobre la sanidad y esos volúmenes que se llamaron 10 de agosto y 24 de mayo, fechas máximas de la historias de nuestra emancipación, hoy tan dejadas de menos. Monseñor González Suárez decía de Espejo: “El ecuatoriano más célebre y más extraordinario, sin duda alguna, entre todos cuantos ecuatorianos se han hecho famosos en la política; fue uno de esos ingenios superiores, cuya visión intelectual se dilata mucho más allá del horizonte de las ideas comunes, creídas y aceptadas como verdades indiscutibles en su tiempo”.
No se sabe el día en que nació Espejo, pero hay el comprobante legal de su bautizo; no se sabe el día de su muerte, pero hay el comprobante legal de su inhumación. Por ironía de la vida y venganza de los de los detentadores del poder que no le perdonaron, su partida de bautizo fue asentada en el libro de “Españoles y Blancos”, y su partida de defunción, sin día, en la de “Indios, Mestizos, Negros y Mulatos”.
Un año de vivir sin libros, sin papel para escribir, racionado de sol y de aire, tumbó la vida colosal de este gigante ecuatoriano. El escritor Nekrasóv se hubieses sentido honrado de haber dedicado también a Eugenio Espejo estos versos a la memoria de Dobroliúbov:
¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado
Qué gran corazón ha dejado de latir!
Ciertas culturas han experimentado deformaciones y pérdidas de identidad que han dado en resultado el haber repudiado en gran parte sus valores tradicionales sin haber logrado alcanzar la plenitud efectiva de los modelos de modernidad que adoptaron como objetivo. El asunto está en lograr ser modernos, en todo lo que significa avances científicos, tecnológicos y sociales, sin hipotecar nuestra personalidad histórica.
Quito la ciudad pródiga en monumentos a propios y extraños, le está adeudando a su hijo mayor, al padre de la Patria, su monumento, como lo están esperando los héroes indígenas Rumiñahui y Atahualpa, unificador del señorío de los Quitus. Espejo estaría a gusto frente a la estatua de González Suárez, los dos salidos de las entrañas del pueblo pobre, y pilares de nuestra identidad nacional.
En los inicios del siglo XXI seamos capaces de responder a los llamados y sueños de uno de los forjadores más vigorosos y auténticos de la nacionalidad ecuatoriana. Caminemos en este nuevo siglo con una identidad propia. La nuestra es la suma de culturas y razas: la blanca española, la indígena y la negra. Somos mestizos. Somos el nuevo ser en búsqueda de su propio destino y que no encontrado su camino porque la sociedad criolla se ha negado a reconocer a su otra parte que la complementa y unifica en una sola nación.
Requerimos robustecer nuestra conciencia e identidad nacional. Cuando sintamos, cuando se haga parte misma de nuestra carne, que lo nuestro es lo mestizo, no cometeremos la discordancia que a eventos internacionales de música vayan cantantes que interpretan rancheras, rocks, tangos y ni por asomo un pasillo, una balada nacional o un sanjuanito. En suma, ser lo que somos y sentirnos sanamente orgullosos de ello; entonces nos respetarán y nuestros intelectuales, escritores y obreros actuarán sin prejuicios, conscientes de su ser.
En el año de 1995 se conmemoró 200 años de su muerte y en 1997, 250 años del nacimiento de Eugenio Espejo, aniversarios que pasaron desapercibidos para la mayoría de ecuatorianos. Cual digno homenaje sería de esperar el trabajo de investigación y análisis en las principales disciplinas y ciencias a lasque dedicó su trabajo “el Duende” como acostumbraba llamarse a sí mismo, y que le llamarán de satisfacción por sobre la montaña de vacuos discursos a los que somos tan acostumbrados por ser lo más fácil y ostentoso.
De la misma manera que, con razón, se incentiva a los deportistas por aquello de mente sana cuerpo sano, con donaciones de vehículos, lotes de terreno y otros beneficios, en igual forma se debe incentivar y apoyar a quienes destacan en el trabajo científico, pues si los unos brindan una alegría pasajera y buscan su perfeccionamiento individual, los otros persiguen el bienestar general y estimulan a los más jóvenes al estudio y a la superación intelectual.
Nos encontramos en la hora de convocar a la patria del presente y del devenir, a hacer por la vía del esfuerzo organizado un Ecuador que vuelva a ser luz como 1809, en base de la concepción de que el trabajo social es la fuente de la riqueza de las naciones, y no la explotación del hombre por el hombre acompañada del individualismo y de la viveza criolla.
Visionario que era, Espejo escribió en su discurso sobre le Escuela de la Concordia: “Un día resucitará la Patria; pero los que fomentarán su aliento sin duda no serán los que pasan sus vidas en pequeñeces. Serán esos muchachos, que hoy frecuentan las escuelas con empeño y estudiosidad. En ellos renacerán las costumbres, las letras y ese fuego de amor patriótico, que constituye la esencia moral del cuerpo político”.
¿Estaremos alguna vez a la altura de los proyectos de nuestro héroe mayor muerto en cuanto al cuerpo? En nuestras manos se halla la pregunta y la respuesta.
FIN.
Por: César Bravo Izquierdo
Nace en Quito el 20 o 21 de febrero de 1747 y muere probablemente el 27 de diciembre de 1793, a los cuarenta y ocho años de edad, en la misma ciudad. Todavía no se han encontrado sus partidas de nacimiento y defunción, y quizá toda búsqueda sea infructuosa. Fue coetáneo de otro grande, el norteamericano Jorge Washington, aunque su tarea estuviese más cercana al pensador Thomas Jefferson.
La ciudad capital estaba impregnada de un forzoso misticismo y en la mayor ignorancia y opresión. La máxima sabiduría consistía en conversar y bailar con corrección y destreza en los salones y en no trabajar, para esos estaban los indios y mestizos. Indios roturando la tierra, indios construyendo canales, indios trabajando en las mitas, obrajes y huasipungos, indios mestizos y cholos levantando conventos exquisitos y majestuosas iglesias, en todo mismo.
Los conquistadores ibéricos habían dispuesto una categorización de las clases sociales. Teníamos peninsulares, chapetones, indios, mulatos, zambos, cholos, nobles de España, nobles criollos, mestizos. Existía para entonces tres universidades religiosas: de los agustinos, dominicos y jesuitas. Además de la preponderante cátedra de Teología ocupaba segundo puesto la de jurisprudencia, y si alguna vez hubo cátedra de medicina, fue descuidada y relegada. En síntesis, una primacía de la teoría y las elucubraciones, sobre el conocimiento científico
En este ambiente provinciano se desenvolvió la poderosa personalidad del mestizo Eugenio Chusig o Espejo, que para poder intervenir en la vida política tuvo que emplear la rimbombante identificación de Dr. Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Sus tres primeras obras: “El Nuevo Luciano de Quito”, “Marco Porcio Catón” y “La Ciencia Blancardina” constituyen una mordaz crítica a toda la ciencia quiteña de fines del siglo XVIII, ciencia que no era otra cosa sino una demostración de nuestro atraso.
Espejo detectó que la raíz de los males que aquejaban a la sociedad quiteña se encontraba en la esfera de la economía. Emprendió entonces su trabajo contra los detentadores del poder económico y articuló a esta crítica los aspectos políticos y sociales.
Durante su permanencia en Bogotá pronunció en 1789 su famoso discurso sobre la necesidad de establecer en Quito una sociedad patriótica denominada “Escuela de la Concordia” cuyo órgano de difusión fuese un periódico; discurso que se imprimió por primera vez en Santa Fe ese mismo año costeado por el Marqués de Selva Alegre Juan Pío Montúfar. Y el 5 de enero de 1792 se publicó el famoso periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, que causara profunda influencia en la sociedad quiteña, granjeándole el resentimiento de las clases dominantes que no le perdonarían sus vastos conocimientos y la rebeldía de sus planteamientos.
En sus “Reflexiones sobre Viruelas” se hallan observaciones precisas sobre los efectos devastadores de las enfermedades infecto-contagiosas en los sectores pobre y mal nutridos de la población de la Real Audiencia de Quito de ese entonces. Esto le lleva a Espejo a estudiar la producción y comercialización de los alimentos de primera necesidad, la especulación de que son objeto, opulencia de unos pocos y la miseria de los más. Su erudición le permitió fustigar una realidad biopatológica que al igual que la realidad política no se compadecían con su espíritu que había nacido para ser libre.
En su afán por innovar, nada quedó oculto a su examen. Alimentación, profilaxis de las enfermedades transmisibles, situación económica que responde a las exigencias mínimas a que tiene derecho todo ser humano; ilustración técnica para el desempeño de artes y oficios; organización de la educación universitaria para impartir además los adelantos del conocimiento científico; preparación de todas las clases sociales para lograr un conjunto armónico dirigido y animado por un profundo sentimiento de nacionalidad, propuso un clero nativo y estudio primero de la realidad de la Audiencia antes que de otras regiones.
El 21 de octubre de 1794 aparecieron colocados en las cruces de Quito unos banderines de tafetán encargado con una leyenda en latín, cuya tradición aproximada se consideró una incitación ala independencia: Al amparo de la Cruz salvadora sed libres; conseguid el santo fin de la felicidad y gloria. La leyenda fue declarada subversiva y Espejo, el autor, encarcelado por ella; de allí saldría únicamente para la sepultura. Era un peligro público y le aconteció lo descrito por el poeta Goethe:
¡Ay del que muerde el fruto de la verdad
Y necio insigne, no acierta a callarse
Sino que va ante el pueblo a confesarse:
Acaba siempre en la hoguera o en la cruz!
A Eugenio Espejo le fascinó dar la vuelta al mundo desde su propia tierra. Autodidacta por excelencia, realizó un viaje por todo el orbe desde su posada en la Biblioteca Nacional. Y los mejores libros de viajes que dejó son sus inquietudes sobre la sanidad y esos volúmenes que se llamaron 10 de agosto y 24 de mayo, fechas máximas de la historias de nuestra emancipación, hoy tan dejadas de menos. Monseñor González Suárez decía de Espejo: “El ecuatoriano más célebre y más extraordinario, sin duda alguna, entre todos cuantos ecuatorianos se han hecho famosos en la política; fue uno de esos ingenios superiores, cuya visión intelectual se dilata mucho más allá del horizonte de las ideas comunes, creídas y aceptadas como verdades indiscutibles en su tiempo”.
No se sabe el día en que nació Espejo, pero hay el comprobante legal de su bautizo; no se sabe el día de su muerte, pero hay el comprobante legal de su inhumación. Por ironía de la vida y venganza de los de los detentadores del poder que no le perdonaron, su partida de bautizo fue asentada en el libro de “Españoles y Blancos”, y su partida de defunción, sin día, en la de “Indios, Mestizos, Negros y Mulatos”.
Un año de vivir sin libros, sin papel para escribir, racionado de sol y de aire, tumbó la vida colosal de este gigante ecuatoriano. El escritor Nekrasóv se hubieses sentido honrado de haber dedicado también a Eugenio Espejo estos versos a la memoria de Dobroliúbov:
¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado
Qué gran corazón ha dejado de latir!
Ciertas culturas han experimentado deformaciones y pérdidas de identidad que han dado en resultado el haber repudiado en gran parte sus valores tradicionales sin haber logrado alcanzar la plenitud efectiva de los modelos de modernidad que adoptaron como objetivo. El asunto está en lograr ser modernos, en todo lo que significa avances científicos, tecnológicos y sociales, sin hipotecar nuestra personalidad histórica.
Quito la ciudad pródiga en monumentos a propios y extraños, le está adeudando a su hijo mayor, al padre de la Patria, su monumento, como lo están esperando los héroes indígenas Rumiñahui y Atahualpa, unificador del señorío de los Quitus. Espejo estaría a gusto frente a la estatua de González Suárez, los dos salidos de las entrañas del pueblo pobre, y pilares de nuestra identidad nacional.
En los inicios del siglo XXI seamos capaces de responder a los llamados y sueños de uno de los forjadores más vigorosos y auténticos de la nacionalidad ecuatoriana. Caminemos en este nuevo siglo con una identidad propia. La nuestra es la suma de culturas y razas: la blanca española, la indígena y la negra. Somos mestizos. Somos el nuevo ser en búsqueda de su propio destino y que no encontrado su camino porque la sociedad criolla se ha negado a reconocer a su otra parte que la complementa y unifica en una sola nación.
Requerimos robustecer nuestra conciencia e identidad nacional. Cuando sintamos, cuando se haga parte misma de nuestra carne, que lo nuestro es lo mestizo, no cometeremos la discordancia que a eventos internacionales de música vayan cantantes que interpretan rancheras, rocks, tangos y ni por asomo un pasillo, una balada nacional o un sanjuanito. En suma, ser lo que somos y sentirnos sanamente orgullosos de ello; entonces nos respetarán y nuestros intelectuales, escritores y obreros actuarán sin prejuicios, conscientes de su ser.
En el año de 1995 se conmemoró 200 años de su muerte y en 1997, 250 años del nacimiento de Eugenio Espejo, aniversarios que pasaron desapercibidos para la mayoría de ecuatorianos. Cual digno homenaje sería de esperar el trabajo de investigación y análisis en las principales disciplinas y ciencias a lasque dedicó su trabajo “el Duende” como acostumbraba llamarse a sí mismo, y que le llamarán de satisfacción por sobre la montaña de vacuos discursos a los que somos tan acostumbrados por ser lo más fácil y ostentoso.
De la misma manera que, con razón, se incentiva a los deportistas por aquello de mente sana cuerpo sano, con donaciones de vehículos, lotes de terreno y otros beneficios, en igual forma se debe incentivar y apoyar a quienes destacan en el trabajo científico, pues si los unos brindan una alegría pasajera y buscan su perfeccionamiento individual, los otros persiguen el bienestar general y estimulan a los más jóvenes al estudio y a la superación intelectual.
Nos encontramos en la hora de convocar a la patria del presente y del devenir, a hacer por la vía del esfuerzo organizado un Ecuador que vuelva a ser luz como 1809, en base de la concepción de que el trabajo social es la fuente de la riqueza de las naciones, y no la explotación del hombre por el hombre acompañada del individualismo y de la viveza criolla.
Visionario que era, Espejo escribió en su discurso sobre le Escuela de la Concordia: “Un día resucitará la Patria; pero los que fomentarán su aliento sin duda no serán los que pasan sus vidas en pequeñeces. Serán esos muchachos, que hoy frecuentan las escuelas con empeño y estudiosidad. En ellos renacerán las costumbres, las letras y ese fuego de amor patriótico, que constituye la esencia moral del cuerpo político”.
¿Estaremos alguna vez a la altura de los proyectos de nuestro héroe mayor muerto en cuanto al cuerpo? En nuestras manos se halla la pregunta y la respuesta.
FIN.
Integrar el país
Debemos integrar un país sumamente fraccionado y cada vez con menos oportunidades para la juventud y los sectores pobres. La tarea es de todos. La responsabilidad debe ser compartida por hombres y mujeres, sin exclusión de ningún ciudadano.
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